ADELAIDA  MURILLO                                                                                                  

                                                                             

  

Se podria entender la historia del arte como un gran retablo dónde podemos ver representados los símbolos más significativos
( y emocionantes, porque no decirlo) de la humanidad.
 
Los artistas, generalmente de manera intuitiva, pero a menudo también de manera racionalizada, han utilizado los símbolos para expresar
no sólo las creencias, como en los tiempos más remotos, sino también las preocupaciones de su tiempo.
 
Uno de estos símbolos es el círculo o la circunferencia en su aspecto más simplificado o la esfera en su aspecto volumétrico. El círculo
es uno de los simbolos geométricos más universales que da idea de perfección, de infinitud, de complitud e incluso idea de eternidad,
ya que en el círculo no se ve ni principio ni final, ni tampoco dirección ni orientación espaciales.   
 
Con el dibujo de un círculo se identifica el sol, el astro rey de nuestra cosmologia, y también su satélite: la luna. Por este motivo, con el                  
dibujo de un círculo los antiguos identificaban el cielo e incluso Dios mismo. Con el dibujo de un círculo se identifican los planetas, la Tierra,
el mundo real y metafóricamente los mundos mentales. Y ahí es donde quería ir a parar para hablar de la última exposición de Adelaida Murillo.
 
Después del camino iniciado con la exposición Geometrias de hace dos años, en las últimas telas de Adelaida Murillo aparecen mundos
nacientes. No es casual, me parece, esta progresiva evolución de las formas geométricas pintadas sobre un plano a unas geometrias
volumétricas que apuntan a mundos nacientes, Una lectura simbólica de estas telas nos indica por una parte el ánimo de la propia  artista
en una etapa muy creativa, en estado naciente, y, por el otro, el de nuestro mundo que, en plena crisis y para superarla, como en un parto
da a luz mundos nacientes: esferas del mundo futuro de los cuales todavía no sabemos ni el nombre ni sus características ni, por descontado,
percibimos todavía sus efectos.
 
Los artistas a menudo son visionarios. Así, pues, como un oráculo, Adelaida Murillo ha plasmado en una de sus telas una esfera roja surgiendo
de una nebulosa azul: es la imagen de un mundo en potencia, un mundo nuevo que pueda salvar nuestro mundo de la decadencia en la cual
estamos sumergidos.
 
Antes he escrito que los artistas utilizan los símbolos para expresar las preocupaciones de su tiempo. Las preocupaciones y también las
proyecciones ideales que en este caso se han materalizado en estas esferas que flotan en el espacio como lo que quieren ser: seres vivos
gravitando no sólo en el cuadro sino también en la mente y en el corazón de las personas. Mundos, seres de naturaleza cósmica que nos
vivifiquen el pensamiento fatigado y el corazón sombrío por una vida tan chapuceramente en lucha contra el espíritu o la energia que le da vida.
 
En este momento nadie duda que, visto el panorama, hacen falta mundos nacientes (estados mentales nacientes) que sustituyan tantos
mundos caducos, tantos mundos corruptos. En sus esferas incandescentes, florecientes, Adelaida Murillo ha pintado mundos que son imagen
de la emergencia de una vida nueva, de una vida en auténtica progresión hacia la armonía de los seres que constituimos la humanidad.
 
Quizás es una utopía. Pero sin utopías, sin voluntad y deso de excelencia, corremos el riesgo de que la humanidad se apague como una
estrella muerta. Por este motivo, los mundos nacientes pintados por Adelaida Murillo en sus últimas telas me han hecho un efecto tan
luminoso , tan esperanzador.

              Teresa Costa-Gramunt              

             e-mail: adelaidamurillo@hotmail.es

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